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viernes, 15 de febrero de 2019

Posted by Profe Obed on 7:23:00 in | No comments

¿Que tiene de especial este 15 de febrero en el área de matemática?

Hoy es el cuadragésimo sexto día del año.

46 Es el número de cromosomas humanos.
46 Es un número deficiente pues es mayor que la suma de sus divisores propios.
46 Es un número odioso pues en su expresión binaria aparece un número impar de unos.
46 Es un número libre de cuadrados pues en su descomposición factorial no se repite ningún factor.
46 Número de cromosomas de la mayoría de los humanos.
46 Peso máximo en gramos de una pelota de golf.
46 Libros del Antiguo Testamento, en la versión católica de la Biblia.
46 Número atómico del paladio (Pd), metal blando, dúctil y maleable, parecido al platino. Se emplea principalmente como catalizador y en joyería.
46 Número de cuerdas, afinadas en la escala de Do bemol mayor (Do) que tiene el arpa de concierto.

Matemáticos nacidos este día:

1564 : Galileo
1588 : Bramer
1839 : Adolph Mayer
1839 : Zeuthen
1850 : Bryant
1851 : Haret
1861 : Whitehead
1882 : Koebe
1915 : Hsiung

 Matemáticos fallecidos este día:
1739 : Manfredi
1847 : Dandelin
1849 : Verhulst
1900 : John Walker
1940 : Toeplitz
1974 : Hugh Alexander
1974 : Snedecor
1988 : Feynman

Un día como hoy nace el gran científico Galileo Galilei conocido por su gran aporte a la astronomía a pesar que casi le cuesta la vida el contarle al mundo lo que había descubierto, les dejo a continuación su discurso mas famoso.

Discurso de retractación de Galileo Galilei ante los Tribunales de la Iglesia 
22.06.1633.


"Escribí e imprimí un libro por el que he sido declarado por el Santo Oficio como vehementemente sospechoso de herejía, es decir, por haber sostenido y creído que el Sol era el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no era el centro y que se movía..."

"Yo, Galileo, hijo del difunto Vincenzo Galilei, florentino, de setenta años de edad, compareciendo personalmente como acusado ante este tribunal y arrodillado ante vosotros, eminentísimos y reverendísimos señores Cardenales Inquisidores Generales contra la depravación herética a lo largo y a lo ancho de toda la comunidad cristiana, teniendo ante mis ojos y tocando con mis manos los Santos Evangelios, juro que he creído siempre, y que creo ahora, y que, con la ayuda de Dios, creeré en el futuro, todo lo que sostiene, predica y enseña la santa Iglesia Católica Apostólica Romana.

Pero en vista de que, después de habérseme intimado judicialmente por este Santo Oficio el mandato de que yo debía abandonar por completo la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y está inmóvil y de que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y de que yo no debía sostener, defender o enseñar de ninguna manera, verbalmente o por escrito, dicha falsa doctrina, y que después de habérseme notificado que dicha doctrina era contraria a las Sagradas Escrituras, escribí e imprimí un libro en el cual discuto esta nueva doctrina ya condenada, y presento argumentos grandemente convincentes en su favor, sin presentar ninguna solución de ellos, he sido declarado por el Santo Oficio como vehementemente sospechoso de herejía, es decir, por haber sostenido y creído que el Sol era el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no era el centro y que se movía.

Por lo tanto, deseando quitar de las mentes de sus Eminencias y de todos los fieles cristianos la vehemente sospecha justamente concebida contra mí, con sincero corazón y no fingida fe, yo abjuro, maldigo y detesto los antedichos errores y herejías y, en general, todo otro error, herejía y secta que sea en absoluto contraria a la Santa Iglesia, y juro que en el futuro nunca más diré o afirmaré, verbalmente o por escrito, nada que pudiera dar ocasión a una sospecha similar con respecto a mí.

Pero, si llegara a conocer a cualquier hereje o persona sospechosa de herejía, lo denunciaré ante este Santo Oficio o ante el Inquisidor y Ordinario del lugar donde yo pudiera estar. Más aún, juro y prometo cumplir y observar en toda su integridad todas las penitencias que me han sido o que me serán impuestas por este Santo Oficio.

Y, en el caso de que contraviniera (¡que Dios no lo permita!) cualquiera de estas mis promesas y juramentos, me someto a todas las penas y penitencias impuestas y promulgadas en los cánones sagrados y en otras constituciones, generales y en particular contra tales delincuentes. Que así me ayuden Dios y estos Santos Evangelios que toco con mis manos.

Yo, el antedicho Galileo Galilei, he abjurado, jurado, prometido y obligado a mí mismo según dicho anteriormente, y en testimonio de su veracidad he suscrito con mis propias manos el presente documento de mi abjuración y lo he recitado palabra por palabra, en Roma, en el convento de Minerva, este día 22 de junio de 1633".

Después de pronunciar este discurso, se dice que Galileo murmuró "...y sin embargo se mueve..."





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